jueves, 10 de septiembre de 2020

Paula Labra: "Un Dragón" (Extraído de "Demasiadas Vidas Bailando Juntas", 2020).





UN DRAGÓN.

 

                                                                            “Corría a tu casa a esconderme de la gente  

                                                                                                            y tú me consolabas con una gran taza de  …  

                                                                                                                  Desde que me mudé de país, ningún té fue tan dulce” .                  

P.L



A veces eras un enorme colchón, atento y sereno, con el sonido pegajoso de los buenos recuerdos; otras, un impetuoso carrusel, con el caballo real atornillado en el pecho y el pelo crecido para amarrarme y tentarme.

 

También eras pequeño, como una gota de agua que huyó de la tormenta porque su destino era otro, porque prefería estar en los labios y no en el suelo, porque deseabas los besos y no brotar en un lugar extraño, con piedras en las raíces y arena en los ojos.

 

Eras transparente, oruga temerosa, silenciosa, lenta descomponedora de la mala tierra, descomponedora de la saliva amarga que quemaba los rosales.

 

Y torturabas mis pensamientos cuando te alejabas, cuando no caminabas en mis manos, cuando no existían las confidencias ni las cosquillas, cuando te convertías en un ser humano y tenía que compartirte. Eras fiesta, muchas veces. Y el cumpleaños de todo el vecindario. Eras confeti, helados de todos los sabores. Eras música, pero jamás el invitado.

 

Nadie conocía tu secreto. Sólo yo.

 

Yo, que te acompañaba a tu refugio cuando el verano se hacía insoportable, cuando prendía tu lengua y te hacía vomitar.

Sólo yo recogía el cansancio de tus pies y lo guardaba en mi bolso y te secaba las lágrimas, cuando nadie se atrevía, cuando nadie se quedaba a tu lado para mecerte.


Sólo yo soportaba el sudor de tu casa cuando me dedicaba a pintar las paredes, a pulir el moho del techo y arropar a las ventanas que tus visitas nocturnas dejaban abiertas.


Sabía que temías a la soledad, a la soledad de ser el único de tu especie, a la soledad de extinguirte inevitablemente… Por no encontrar a alguien con tu mismo olor, para reproducirte.


Y teñía mi cabeza de brasa para acompañarte, para pertenecerte, para decirte que quizás yo también era un dragón diferenteY tú no te habías dado cuenta.


Sólo yo podía cargar con un pedazo de tu alma y comprender tus versos, sin agotarme. Y ser antorcha, ser carrusel, ser oruga, ser fiesta, ser tu eterna compañera de serenatas.


Y tú, tú me mirabas caminar en tacones con mi maquillaje a cuestas. Y tratabas de imitar mis pasos y mis gestos, pero tu memoria tristemente se afiebraba y te dormías.


Entonces, me quedaba a humedecer tu frente, a ahuyentar las jaurías de lobos que te llamaban desde la calle y a cubrir tus pestañas con puntitos de escarcha, para que sonrieras cuando la mañana te abriera los párpados. 


Con el rostro mustio y el pelo revuelto, te llevaba el desayuno a la cama e intentaba que me reconocieras, nuevamente… Que concentraras tu paciencia en mi voluntad.


Y haciendo remolinos en el aire, con mis manos y con mis muñecas, celebraba tu amanecer mientras el aroma a pan tostado nos envolvía… Y tiernamente, nos reconfortaba.






3 comentarios:

Unknown dijo...

Que hermoso. Al leer, sentí cada palabra de cariño y amor del relato de este cuento. Espero que esta sensación la tengan todas las personas que disfruten este maravilloso libro. ¡Felicidades!

marcela Ratsch Fuentes dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
marcela Ratsch Fuentes dijo...

Maravilloso placer poder viajar a través de tus letras. Me encanta.